Oleoducto, fotografías de María Teresa Ponce

 

 

Sobre Oleoducto

Por: María Fernanda Cartagena

María Teresa Ponce (n. Ecuador) busca develar lo que se oculta bajo el paisaje. Para esto acude a las convenciones del paisajismo científico del siglo XIX, específicamente a las escenas de Rafael Troya, -ilustrador en expediciones de científicos alemanes-, encargado de pintar la topografía y geología del Ecuador. Ponce retoma las expediciones a la amazonía, sierra y costa del país, para en este caso iluminar la menos visible e intimidante penetración y trayectoria del oleoducto ecuatoriano (SOTE – OCP). Para Ponce “el oleoducto, al estar enterrado la mayor parte de su trayectoria, es básicamente invisible y por consiguiente perceptible como una ausencia siempre presente, como un sentido oculto, como una condición dada”. Rafael Troya manipulaba sus escenas para proveer la mayor cantidad de información geológica mientras la figura humana ocupaba un lugar residual. Ponce, al contrario, recalca las escenas cotidianas, -lo visible- que se desarrolla “al margen de, encima de y entorno al oleoducto”. Comprime el espacio-tiempo presentando varias actividades humanas de manera simultánea, las que en realidad acontecieron en diferentes temporalidades.

La amenaza latente en estas imágenes, reposa en la fricción entre lo natural y lo artificial, lo velado y lo visible, la pobreza y la riqueza, la promesa y el olvido. La realidad del país, como un fantasma, a través de sus imponentes paisajes, se esconde y expone de manera insoportable. Ponce tiende un puente entre el pasado y el presente de la representación. Si la pintura refrendó una mirada eurocentrista, la fotografía devela condiciones poscoloniales.

Fragmento del texto para el catálogo de la exhibición Fantasmas en la máquina, con fotografía contemporánea de Dino Bruzzone, Esteban Pastorino, María Teresa Ponce y Jorge Miño, febrero 2007, dpm arte contemporáneo, Guayaquil, Ecuador.

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