El periodismo cultural y el arte contemporáneo: un asunto pendiente. Por Manuel Kingman

 

huecas

Una de las salas de la exposición Huecas en Quito (noviembre 2012 – febrero 2013).

Voy a hablar sobre un artículo corto y aparentemente bien intencionado  publicado en Diario el Comercio y titulado con el ampuloso nombre de: “La versatilidad dentro de los espacios de exposición” de autoría de Diego Ortiz. Escribo este texto desde mi posición de público del Centro de Arte Contemporáneo y en mi calidad de co-realizador de la exposición Huecas en Quito, muestra nombrada en este artículo.

El texto en mención es un llamado a la especialización de la oferta cultural de museos y centros culturales, para que expongan lo que el nombre oferta argumenta el autor, que si son espacios nominados con las palabras arte contemporáneo deberían acoger exclusivamente ese tipo de arte, que si son museos de arte colonial solo deberían tener a Sangurimas y Caspicaras en su oferta.

El autor debate la pertinencia de la exposición de Huecas en Quito, e ‘International Weird Collage Show’ en el Centro de Arte Contemporáneo. No es mi intención discutir al autor debatiendo la pertinencia de la muestra Huecas en Quito en ese espacio. Me parece que este artículo da la posibilidad de hablar de otros asuntos, por un lado sobre el estado del periodismo cultural en el Ecuador, específicamente sobre el conocimiento y especialización de los periodistas que escriben sobre arte, ya que una cosa es escribir desde el sentido común, desde el “me parece” y otra es hacerlo basándose en un conocimiento del campo cultural global y local y de la historia del arte, así como de los procesos de apertura  a los que se han sometido los museos en los últimos años.

Este artículo corto y aparentemente bien intencionado busca una pureza de los espacios expositivos, pero esta visión  parte de una noción tradicional de lo que son los museos, pensados como espacios para acoger obras de arte y ser guardianes de esos tesoros artísticos nacionales. Pero la concepción de los museos ha cambiado, basta visitar las páginas de dos museos: la del Museo de Arte de Queens y la del Museo del Barro de Paraguay,  para evaluar el cambio que se han dado en los museos, los cuales han pasado de ser espacios para reverenciar y admirar las obras de arte, a centros culturales vivos, que además de presentar una variada oferta cultural dan cabida a la auto representación de las comunidades cercanas.

Hay que pensar si la pureza y no contaminación de los espacios que reclama el articulista, no está relacionada también con una versión elitista de lo que es la cultura, las prácticas artísticas y los productos culturales. Esta pureza, es obvio decirlo, no es afín a la realidad contemporánea la cual es compleja hibrida, fragmentada y contaminada. Si las prácticas artísticas contemporáneas reflejan esa complejidad del mundo actual desde una diversidad de posiciones y posibilidades, los museos tienen la responsabilidad de dar apertura a la multiplicidad de voces que están tratando de entender y representar a la contemporaneidad. Esa variedad de voces no puede ser limitada a los artistas, la comunidad del barrio, la juventud y la niñez también tiene derecho a representar y hacer uso de los espacios.

Al reclamar la exposición exclusiva de lo legitimado como arte contemporáneo no se estaría dejando de lado, de una manera arbitraria y excluyente otras manifestaciones culturales igualmente importantes, donde queda por ejemplo el arte popular  y las prácticas culturales que se dan fuera del circuito legitimado como arte, que sucede con las fiestas, la comida, o las representaciones populares del mundo social? Acaso esas manifestaciones culturales no son miradas validas de la contemporaneidad?

En el artículo se está hablando a nombre de la autoridad del especialista, quien  supuestamente quedaría sumido en la confusión al llegar a un espacio y no encontrar un cierto tipo de oferta cultural legitima y legitimada en el mismo. En un país en que el arte contemporáneo no ha alcanzado relevancia social, me pregunto: ¿quién o quiénes son los especialistas?, ¿quiénes son consumidores de arte colonial o arte contemporáneo a los que se nombra en el artículo?, quizás nos gustaría que las discusiones que se dan en un bus, en una sobremesa familiar o en una reunión de amigos giren en torno a la pertinencia conceptual de la obra de tal o cual artista, pero eso no sucede, o si sucede se da en el ámbito de los especialistas, de las personas “cultas” para las que el autor pide respeto en los espacios. En un país que se reflexiona y se escribe poco en torno al arte contemporáneo, me pregunto cuál es el público especializado, me da la impresión, que de una manera un tanto naif se está llamando a un campo cultural de elite, que en el Ecuador existe de manera muy limitada.

Quiero terminar esta intervención debatiendo el papel de la crítica con relación a la gestión de los museos y centros culturales. Considero que es necesaria la evaluación constante del desempeño de cualquier institución pública, (incluyendo al Centro de Arte Contemporáneo). En ese sentido, la crítica y el debate deberían ser productiva para la evaluación de los objetivos y modelos de gestión al interior de cada uno de los espacios.

Pensemos que a fin de cuentas los centros culturales de la ciudad de Quito dependen de la ciudadanía, los costos de las exposiciones, proyectos y publicaciones necesitan de fondos públicos municipales, los cuales son financiados por todas y todos los quiteños. Me pregunto, si todas y todos somos los que financiamos los espacios, se puede seguir invocando a criterios excluyentes y elitistas, (aunque estos no sean mal intencionados), tiene sentido satisfacer solamente a los especialistas cuando la mayor parte de la ciudadanía no se siente representada por las producciones de arte contemporáneo.

Me parece que los artículos culturales tienen la responsabilidad de criticar y pedir calidad en los proyectos culturales desarrollados en los espacios culturales, su papel aparte de informar debería estar relacionado con mediar entre los museos y la ciudadanía, y porque no, criticar la calidad de los contenidos expuestos y su mayor o menor impacto. El papel de los medios podría servir para que un mayor público se informe de manera reflexiva de los contenidos de los espacios, contribuyendo a una mayor democratización de los mismos. Esta critica corta y aparentemente bien intencionada, es solamente una opinión ingenua, pero por la visibilidad que ocupa es determinante en la calificación o descalificación del espacio, la critica cultural termina siendo conservadora y excluyente invocando no a la apertura de los centros culturales sino a su encierro. Este artículo ataca al Centro de Arte Contemporáneo, un sitio que ha tenido un modelo de gestión dinámico y abierto a las propuestas de los artistas y la comunidad, indudablemente el CAC tiene que ser criticado e interpelado constantemente pero no apelando a su aislamiento sino a su mayor democratización como espacio para la ciudad.

 

Manuel Kingman, marzo, 2013

 

 

 

 

Comentarios

  1. Cristina Enríquez says:

    Coincido plenamente; los espacios culturales estan para provocar encuentros; las expresiones artístisticas son el vínculo, el medio y el producto. Bien por el CAE y por todos aquellos que disfrutamos sus propuestas.

  2. Juan Lorenzo Barragán says:

    Creo que la labor del CAC en general es excelente (el nombre no más me parece que sería de revisar, especialmente esas siglas ;-). Pero también creo que hay errores y es bueno señalarlos. A mi personalmente me parece que lo de las huecas no era para este sitio, pues es una manifestación netamente popular y sacarla a un contexto de arte “elevado” es un despropósito. Por otro lado, buena la puesta en escena… bueno el “look” pero el tema no daba para tanto: no hay suficiente que rescatar. Tal vez en Guayaquil y por supuesto en Lima…

  3. Totalmente de acuerdo con la posición y reflexión que hace Manuel sobre quien nos da la información cultural y como nos la hacen llegar.
    Se debería entrar a una reflexión sobre donde expone el artista y si el espacio es quien legitima la obra.

    La obra de arte en el genero que sea resuelta es un trabajo de investigación, profundización de un artista un colectivo y donde la expone, quien da la relevancia es el publico que asiste al cual le genera una reacción, reflexión y posición sobre la misma.

    Es así que una obra puede ser expuesta, en un bar, café, museo, patio, garage, parque, dependiendo de los requerimientos de esta tenga.

    La intención del arte es llegar a un público con un mensaje, y encasillando en un solo espacio, en un concepto según ” los especialistas”; de que es y que no es arte, y donde se debe exponer no se llegara a nadie.

    Los medios deberían investigar mas para emitir criterios sobre como se ejecuta el arte contemporáneo en el país.

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