Homenaje a Carlos Araujo G.

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“El arte del Cantón Mejía” anunciaba el rótulo pegado a las afueras del taller de rotulación del maestro Araujo, en  Machachi. “Su pintor” era otra de las frases  trazadas con letras de colores vivos y acompañados de decorados llamativos, invitando al peatón a detenerse junto al antiguo contenedor adaptado como taller. En ese taller rodante y desgastado que a lo largo de los años pasó por distintos lugares de la localidad, solía trabajar Carlos Araujo Guzmán, mejor conocido como el Maestro Araujo. En su taller, el Maestro no solo pintaba sino que mantenía largas conversaciones con amigos y clientes ,  bromeaba con humor fino, afinaba la voz, acompañado de su requinto, escribía y declamaba “poemas de amor, soledad  y  tristeza”.  En torno a su figura se constituía un espacio de comunicación en el que se hablaba tanto sobre la localidad y el país como sobre la vida. En Machachi lo recuerdan como un personaje entrañable, y aunque muchos conocieron sus momentos de mal humor en los que no tenía pelos en la lengua para decir lo que pensaba, reconocen que su sentido era siempre constructivo.

 

Carlos Araujo nació en una humilde familia de Uyumbicho, aprendió a pintar llevado por una necesidad creativa, y lo hizo de manera tenaz e inteligente, sin que su formación mediara un aprendizaje formal, lo que se expresó más tarde en la frescura de todo su trabajo. Siendo niño se colaba a una escuela cercana a su hogar, pedía lápices de colores desgastados y tizas al conserje del lugar. Así aprendió a dibujar, dándose modos, copiando la gráfica de las cajas de fósforos marca “el Diablo”, manchando con carbón en las paredes. Cuando se percató de su habilidad se hizo de una que otra chaucha vendiendo dibujos a sus compañeros de escuela. Carlos Araujo fue pintor porque quiso, porque a pesar de las vicisitudes de una vida humilde y de las pocas posibilidades de formación que tuvo en una época de marcadas diferencias étnicas, raciales y sociales, que en el caso de Machachi se veían acentuadas por el peso del sistema de Hacienda sobre el conjunto de la vida social. Si se formó como artista y rotulador fue por tozudo: “buscó y aprendió lo que le apasionaba en la vida”.

Siendo joven trabajó de controlador de un bus interprovincial. El recorrer caminos, mirar paisajes y poblaciones, conocer distintos tipos de gente le abrió la posibilidad de entender el mundo en su variedad. Entró al cuartel y luego del servicio militar pasó un año por la facultad de Artes de la Universidad Central, ahí aprendió  nociones básicas del color y la figura humana que luego enriqueció con su sello personal. Al casarse dejo los estudios, pero en vez de seguir como transportista decidió ponerse “de valiente” el taller, sacar provecho de su habilidad como dibujante para entrar en el campo de la rotulación. Su primer taller fue en la parroquia de Uyumbicho, pero debido a la demanda limitada que se daba en lo que era en ese entonces una  pequeña población, se trasladó a Machachi, lugar donde se estableció y creció como artista rotulador durante cuarenta años, hasta que falleció en noviembre del 2010.

¿Qué sentido tiene homenajear a Carlos Araujo Guzmán después de su fallecimiento, si en vida no recibió ningún homenaje público? Honrar a la memoria  de Carlos Araujo, es también honrar una práctica artística que ha sido invisibilizada y borrada de la llamada historia del arte, hablo de la gráfica popular, un oficio que hasta antes del aparecimiento de la tecnología digital fue un medio importante  de comunicación visual, relacionada con el pequeño comercio, el transporte, el sistema escolar, los  ceremoniales religiosos y cívicos de las pequeñas y medianas ciudades. El espacio de circulación de la obra artística de Carlos Araujo Guzmán es distinto al legitimado como arte moderno y arte contemporáneo. Se trata de un ámbito de producción circunscrito a una localidad y a su cotidianidad y a un tipo de representación no legitimada por los canales de la alta cultura. Se puede decir que se trata de un arte cercano a la vida, a las demandas que los habitantes de localidades como las del cantón Mejía tuvieron por rótulos, pinturas y gráficas como medios de auto representación. En este sentido se trata de una producción desarrollada de manera dialógica, incorporando tanto las percepciones, como los colores y formas de la gente. La falta de reconocimiento a su obra nos dice mucho de la histórica desigualdad social y de la división de clases así como de las fronteras entre los centros de producción y legitimación artística y las periferias,  pero también del sentido festivo, el humor y la alegría de la vida popular.

Deberíamos decir que el maestro Araujo tuvo otro tipo de gratificación a la de un artista legitimado de los grandes centros urbanos, este reconocimiento se expresó en lo cotidiano; en su caso fueron los machacheños y machacheñas quienes le dieron credo como artista. Entre los encargos para la realización de rótulos comerciales, la decoración de carros alegóricos y pancartas para las fiestas, y la realización de cuadros religiosos Carlos Araujo fue reconocido como “el único” y el mejor artista.

Con sus rótulos copó las paredes y entradas de negocios de Machachi. Los rótulos, prediseñados en una hoja de bocetos y luego dibujados y coloreados artesanalmente, servían  para comunicar las ofertas comerciales más variadas, de farmacias y depósitos de víveres, tercenas y restaurants, también para anunciar una multiplicidad de servicios como los ofrecidos por mecánicos, albañiles y eléctricos, así como para publicitar servicios de relojería, peluquería y sastrería, entre otros. En su oficio nunca se repitió como artista, cada rótulo tenía su propia identidad visual, era único y se diferenciaba por el tipo de letra o por los dibujos dispuestos en el decorado. En cada rótulo se daba un interesante proceso de construcción de la imagen, un proceso en el cual el Maestro Araujo fungía de artista y asesor de imagen, él era quien interpretaba las necesidades de sus clientes y les aconsejaba con argumentos gráficos que servían para privilegiar el mensaje del rótulo.

También realizó una infinidad de cuadros. Aunque Carlos Araujo se sentía orgulloso de este tipo de obra, por considerarla más artística, se puede decir más bien que era otra faceta de su arte, cuadros producidos en lienzos y murales, trabajos realizados por encargo personal, o para regalar a clientes y amigos, pinturas en las que el Maestro Araujo realizaba un tipo de representación que daba cuenta de su postura política y su poética personal. Con sus cuadros de vírgenes y santos participó de la religiosidad popular de la ciudad, Estas imágenes con valor ritual dieron forma a los altares familiares del cantón Mejía y  se constituyeron en medios de relación con lo sagrado. El Maestro Araujo también fue importante en la celebración de las fiestas chacareras;  en estas fiestas su representación de chagras montados a caballo y toros bravíos fueron parte constituyente de las insignias y cartelones de las haciendas y grupos de chagras durante muchos años.

En su vida pintó de todo. “Yo sé pintar a Dios y al diablo, [cómo] no voy a poder hacer ese dibujo” era una metáfora que utilizaba para manifestar su capacidad  de representar todos y cada uno de los matices de esos extremos. A dos años de su muerte, los 70 rótulos que todavía anuncian comercios y servicios se están despintando y envejeciendo, el oficio que practicó con creatividad y pasión ha sido reemplazado por técnicas digitales y aunque su taller sigue ocupando un terreno de Machachi, las decoraciones de su exterior, como el conocido  cuadro del Che Guevara, se encuentran estropeados por las inclemencias del tiempo. Si la consolidación del Maestro Araujo como artista obedeció al trabajo de toda una vida, la perpetuación de su memoria y legado depende de políticas culturales locales y del interés de los machacheños y machacheñas. Es necesario romper con la invisibilización de las prácticas populares de representación y reconocer la importancia que durante muchos años tuvo la producción de Carlos Araujo en el tejido social. Este post es un primer paso, esperamos lograr una publicación para este año.

Manuel Kingman 2013

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Comentarios

  1. NATHALY ARAUJO says:

    EN PRIMER LUGAR AGRADECER ESTE HOMENAJE A MI TIO ….. ES LA REALIDAD LO QUE ESTA PLASMADO EN ESTE ESCRITO….. FUE UN GRAN PINTOR Y UN GRAN SER HUMANO….QUE DEJO SUS LEGADOS EN NUESTROS CORAZONES…..Y SEGUIRA VIVIENDO EN NUESTROS RECUERDOS…….

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