Arte Mula y el “rostro latinoamericano”. Jaime Sánchez.

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“Arte Mula: el Arte como placer subversivo”, es la exposición que se realizó en el No Lugar, desde el miércoles 29 de enero hasta el miércoles 12 de febrero de 2014. Byron Toledo (Ecuador) y Agustín Rincón (Venezuela) son los organizadores y gestores de esta muestra. A la convocatoria internacional, se presentaron alrededor de 60 postulaciones que venían desde varios campos del arte,  de las cuales se escogieron 25 trabajos. La propuesta contiene obras que van desde la pintura, el video, la fotografía, la performance, la cartografía, etc. Todos estos trabajos a decir de sus gestores, intentan representar “el rostro latinoamericano”, concepto que junto al planteamiento de “el Arte como placer subversivo” ponen en discusión las obras de artistas latinoamericanos que intentan retratar una realidad local. La exposición se arma desde la propuesta de unidad; sin cédulas que identifiquen autor, nombre de obra ni técnica, es un gran diálogo que el espectador debe estar dispuesto a confrontar. A decir de Toledo y Rincón, este diálogo que se entabla entre cada una de las obras expuestas en “Arte Mula”, está concebido desde una redefinición de la obra de arte, en donde se la libera de su condición de objeto deseado y se incorpora la concepción de sujeto deseante; de esta manera, a través de esta redefinición, los sujetos se permiten entablar una conversación entre si, en donde el autor se torna invisible y la exposición completa se convierte en un solo cuerpo que dialoga, debate y propone. A partir de estos planteamientos, el proceso de montaje se convierte en parte principal de la propuesta al no reconocer subjetividades, ni de obras, ni de autores, logrando editar cada objeto expuesto para que pueda ensamblarse y colaborar con la unidad Arte Mula.  En este sentido la exposición se convierte en una gran propuesta comunitaria que colabora entre si en busca de una reflexión sobre lo latinoamericano. Esta característica de lo comunitario, en una parte medida por sus gestores, por otra parte generada desde la organicidad de la exposición, podría dar comienzo a una configuración de un concepto de lo latinoamericano. Concepto que se va materializando en la forma de “escultura social”, que a decir de Agustín Rincón intenta desterritorializar cualquier sentido de nacionalidad o nacionalismo, escapar del estereotipo de lo latinoamericano, pero al mismo tiempo distingue una identidad conjunta que está propuesta desde el arte. Esta conjunción de planteamientos, dejan en evidencias muchas miradas parecidas que provienen de distintos lugares. En algunos casos, se enfatizan estas similitudes como parte de la propuesta, y se echa mano de este origen común, en donde a través de fotografías y mapas dejan constancia que incluso la estructura urbana de la ciudad latinoamericana pudo llegar a ser diseñada bajo un mismo modelo; en otros casos se hacen recurrentes temas que representan lo popular desde una categoría estética y una forma de entender y vivir la realidad, es aquí en donde se puede hacer un ejercicio comparativo entre los lugares de origen de cada una de las representaciones que forman parte de la muestra, pero al mismo tiempo, se convierte en un ejercicio que desconoce límites geográficos y se relaciona a través de las coincidencias de carácter cultural; imágenes de comida ambulante, calles, personas, puestos de venta, dejan de pertenecer a una localidad y pasan a ser parte de esta unidad conceptual que intenta descifrar lo latinoamericano. Lo marginal, es otra categoría que constantemente es comentada en gran parte de este “rostro latinoamericano”, el mismo nombre de la muestra “Arte Mula”, hace una mención a este mecanismo de tráfico ilegal de mercancías, muchas veces provenientes del narcotráfico y la piratería, otro estigma latinoamericano. Sin embargo, este tráfico ilegal, que le da la característica de marginal, a decir de Gustavo Lins Ribeiro (2007) se convierten en lícito dentro de las necesidades de comunidades subalternas pertenecientes al “sistema mundial no hegemónico”(Lins Ribeiro 2007). Es decir parte de este rostro, que a la vez que desterritorializa, intenta definir un común denominador, encuentra en lo marginal y lo ilegal, un espacio de propuesta desde donde se construye cada imagen que forman parte de este cuerpo único que propone la muestra. Si aterrizamos este concepto de espacio marginal, ilegal pero lícito, dentro de la propuesta estética de “Arte Mula”, se convierte en un espacio de resistencia frente a una hegemonía que define las posibilidades, contenidos, estéticas y mercados del arte latinoamericano, se convierte en “el arte como un placer subversivo”, lúdico y real sobre todas las cosas. Sin embargo, no podemos desconocer que las imágenes no son ingenuas y que cada representación está limitando un concepto y está determinando una realidad y una forma de entender cada contexto; que las posibilidades de definir identidades comunes pueden estar siendo manipuladas por una de las herramientas más perversas que tienen la comprensión de la realidad, la imagen. Después de todo, como propone Hall, “¿Quién necesita identidad?” (1996), cuando entendemos que esta “identificación” que es parte de el concepto identitario, está en constante diálogo con lo político y lo local, lo que nos lleva a pensar en la identidad como un lugar “volátil” como lo afirma el mismo Stuart Hall que no se define como única ni homogénea. Esto da cuenta de un planteamiento altamente problemático que sin embargo no deja de ser un reto necesario si lo entendemos, como ya lo explique antes, como un espacio de resistencia al “sistema mundial hegemónico” del arte. Por otra parte la idea de “Arte Mula” de propiciar un espacio de comunidad, en donde no se reconocen autores y las obras están sujetas a las necesidades comunitarias y a no significar por si solas, sino a ser parte de un gran discurso y cuerpo común, también puede resultar problemático. Para Benedict Anderson, es improbable pensar en comunidades que puedan representar a un conjunto social, en su texto “Comunidades imaginadas” propone que la comunidad “es imaginada porque aun que los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de comunión” (Anderson, 1993:23), imagen que tal vez se puede entender pero no explicar. Desde este punto de vista, en donde los actores sociales, solo imaginan una comunidad que ellos mismo no conocen, la propuesta de “rostro latinoamericano” pueda resultar insuficiente el momento en que se intenta representar lo latinoamericano, con una exposición que reflexiona la diferencia desde los espacios comunes que a decir de Anderson solo son imaginados. Sin embargo no podemos negar la conjunciones, experiencias históricas, planteamientos políticos y necesidades que nos hacen encontrar similitudes en el camino. Teniendo en cuenta esto, “Arte Mula”, se convierte en un espacio de constante tensión que dinamiza posibles discusiones sobre lo local y lo global, el centro y la periferia,  lo marginal y su poder de resistencia, la diversidad, lo popular y las coincidencias estéticas, sobre los planteamientos de comunidad que desconoce subjetividades pero que a la vez intenta definir un rostro, la exposición se convierte en un espacio conflictivo a veces lleno de contradicciones y otras veces de grandes acuerdos, en este sentido, tal vez “Arte Mula” ha logrado encontrar “el rostro latinoamericano”. El Dorado, 26 de febrero de 2014 Anderson, Benedict (1993) Comunidades imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. Hall, Stuart (1996) Introducción: ¿quién necesita “identidad”?, en, Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrortu editores.. 2003. Pág. 13-39. Lins Ribeiro, Gustavo (2007) El sistema mundial N0-Hegemónico y la Globalización Popular. Brasil: Brasilia. Ed. Departamento de Antropología de la Universidad de Brasilia. Pág. 8 – 22 Registro fotográfico de Arte Mula. Fotografías cortesía No Lugar.