La Rana Sabia

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La Rana Sabia

El primero de marzo del 2014 cerró la exposición 40 años de la Rana Sabia. La Batalla del Pichincha fue la obra escogida por el grupo para clausurar la muestra, empacar los títeres y dejar vacío  el espacio del Centro Cultural de la Universidad Católica de Quito. La Batalla de Pichincha, narra la historia de la gesta libertaria a través de la burla y la relativización del relato histórico oficial, cuestionando en que medida el giro político de la colonia a la república representó  un cambio sustancial para las clases populares. En la Batalla de Pichincha la gesta libertaria es vista a través de los ojos de la gente del mercado;  un mercachifle titiritero, vendedor de objetos milagrosos y reliquias de los santos, su asistente, un indígena mudo y avispado  y una chola vendedora de muñecas de trapo son los personajes de la cotidianidad colonial que narran la gran batalla. A través de ingeniosas técnicas de títeres y actuación teatral la Rana Sabia repiensa la historia, actualizándola y cuestionándola, recalcando la importancia que tuvieron en ella los personajes populares y anónimos.

Al recorrer los tres pisos del Centro Cultural de la Católica se hizo visible el inmenso trabajo de la pareja de artistas miembros de La Rana Sabia: Claudia Monsalve y Fernando Moncayo. Decenas de obras,  cada una contando una historia, cientos de títeres cada cual con su personalidad, manera de hablar y forma de comunicarse con el público. En lo personal me conmovió mirar cada uno de los títeres, a  muchos de esos los había visto en la niñez. En ese entonces la Rana Sabia estaba en sus primeros quince años de trayectoria e ir a sus obras era una actividad obligada para los padres de izquierda (y sus hijos), ahora fui a ver los títeres con mi hija de tres años. A pesar del tiempo pasado y haber sido cuestionados los meta relatos de izquierda, las historias, personajes y bromas de La Rana Sabia siguen estando vigentes y comunican a personas de varias generaciones.

Es difícil no tener una relación afectiva con el trabajo artístico de La Rana Sabia, quiero argumentar que esa relación viene dada porque los variados recursos estéticos y narrativos que pone en escena la Rana Sabia son capaces de representar lo que nos es cercano. Se trata de una cercanía distinta a la que nos tratan de comunicar las campañas televisivas de turismo, es una proximidad que difiere de la idea de “lo propio” inculcado de manera memorística en la educación primaria: donde a través de largos dictados escolares nos  hablan de la importancia de  la olla de Guayllabamba, de la lucha de Abdón Calderón y todos los héroes patrios, y de las culturas precolombinas  del Ecuador cuya cultura material, mostrada en el contexto estudiantil, se convierte en algo desprovisto de significado vital. La Rana Sabia nos conecta con aspectos de  la cultura popular que hemos vivido desde la niñez, espacios que hemos frecuentado como las esquinas de los barrios, sonidos escuchados como las arengas de los vendedores ambulantes en su lucha por la sobrevivencia; los títeres nos ponen en contacto con juegos antiguos, diversiones de barrio y del recreo como las rondas, las bolas y la rayuela.

Los títeres cuentan historias y en esas  narraciones nos reconocemos, pero esa relación que podemos entablar con los títeres de La Rana Sabia no se dan de manera fortuita, Fernando Moncayo y Claudia Monsalve han realizado un profundo trabajo de investigación y de involucramiento con las culturas populares, no se trata de una apropiación superficial de las formas estéticas. La riqueza de los títeres de La Rana Sabia es que incorporan elementos de las culturas indígenas y mestizas sin caer en la folklorización o exotización. La investigación ha ido de la mano con la lucha política, otra de las obras que pude mirar es una obra pequeña pero que evidencia la militancia política a través del arte, cuenta la historia de un indígena agricultor y un hacendado que trata de convencerle que migre a la ciudad para quitarle los terrenos, el hacendado se disfraza de fantasma para que abandone la siembra, el campesino no se deja engañar y saca al usurpador de sus tierras. Según cuenta Fernando Moncayo,  esa es la primera obra de La Rana Sabia, la representaban en las comunidades indígenas; en ese entonces la gente se reía a carcajadas, los títeres como herramienta artística y política aportaban en una toma de conciencia de las comunidades indígenas. Al escuchar la vitalidad con la que representan sus obras actualmente podemos imaginar la fuerza y pasión con la que recorrerían las comunidades indígenas hace 40 años con su andino de color amarillo.

Podemos imaginar muchas cosas, al igual que Maqueño, el niño de la obra Cuéntame un Cuento que pide que le narren una historia y mientras busca quien le cuente va conociendo el mundo y aprendiendo; en la búsqueda de un narrador baila con la vaca loca, habla con un tigre de circo, conoce a un angelote gordo y de cara rosada que se ha perdido de su iglesia. Al final del día Maqueño conoce a una niña y a partir de sus propias vivencias le cuenta un cuento. Cuéntame un cuento es una de las obras mas hermosas del grupo de títeres, esta creación expresa la profundidad estética, narrativa y filosófica de La Rana Sabia, un grupo permeable a la cultura popular y a  la cotidianidad como a sus desbordes, un grupo de títeres que nos invita a reflexionar y a ser críticos con lo establecido.

Manuel Kingman, abril 2014

Fotografías: Alexander Alcocer.

 

 

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