Entrevista a Rodolfo Kronfle investigador y curador independiente por Gonzalo Vargas M.

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Rodolfo, como te había comentado, quisiera hacerte esta carta – entrevista a manera de despedida del gran aporte al arte contemporáneo en Ecuador como fue Río Revuelto.

Debo confesarte con temor que una vez más veo que a pesar de los esfuerzos colectivos, individuales, privados o institucionales el arte en el Ecuador está en crisis. No se si al final estos últimos años, vivimos en una burbuja amparada por una institucionalidad que con dinero, pero sin propuestas de fondo, ha tapado una cruda realidad. Para mi, esta realidad es la falta de generación de contenidos críticos o históricos que puedan suscitar debates y memoria, algo que logró Río Revuelto de manera independiente.

Río Revuelto era para mi un espacio virtual que invitaba a conocer más sobre el tema del arte contemporáneo en el país, tanto a los habitués del arte como a gente nueva que estaba interesada en el tema.  Como espectador, encuentro que en este espacio se pensaba a la producción local como un conjunto solido de propuestas en las que se veía la consolidación progresiva de un campo. O por el contrario, en posts muy críticos, se re pensaba la función actual de los salones de arte o premios, sobre todo en Guayaquil. Así Río Revuelto fue una ventana al mundo de lo más solido de la producción artística local, dando cabida tanto a artistas emergentes, como a propuestas más consolidadas. Sin embargo, lo más representativo de este proyecto, como dices en tu despedida, es que se construyó en  base a un criterio editorial que exigía la calidad de propuestas o debates que incluías en la revista.

Después de esta breve introducción quisiera hacerte unas preguntas que sirvan de cierre para este largo trabajo que fue Río Revuelto.

¿Cual es tu formación y espacios de trabajo en la década del noventa?

Yo regresé al país a mediados de los noventa luego de obtener una licenciatura en Historia del Arte en Estados Unidos. Guayaquil era un campo aún más árido de lo que hoy es, con instituciones muy cortas de miras, funcionarios completamente desconectados de lo que ocurría en el mundo y sin formación profesional. Los nombres de los artistas consolidados seguían siendo los del período moderno que ya habían sufrido un declive creativo muy notable durante la década de los ochentas, vivían de exprimir sus estilos de la forma más complaciente para atender al mercado que exigía bienes decorativos (de un gusto relamido atroz). Una corte de comentaristas sostenía esto con una verborrea psuedopoética carente de espíritu crítico. Paralelo a esto espacios como el de Madeleine Hollaender primero y David Pérez-MacCollum después eran más propositivos. Poco a poco el amaneramiento de los años previos ya era interpelado con una producción muy distinta por todo el grupo de artistas que fueron parte de la Artefactoría, ya legitimados para aquel entonces, y de un puñado de artistas que habían estudiado fuera como era el caso de Roberto Noboa y Larissa Marangoni. Estoy siendo muy reductivo en todo esto para efectos ilustrativos ya que había otros impulsos colectivos e individuales tomando forma aunque con casi nula visibilidad. Pero ese era más o menos el contexto en que yo regreso, a mi me llamaba poderosamente la atención la cantidad de lugar comunes que era necesario desmontar para revitalizar la escena. Mis primeras actividades se centraron justamente en cuestionar el rol preponderante de la pintura como manifestación epítome y central de la práctica artística: co-curé una muestra muy grande de objetos en el Museo Municipal que reunía obras que iban de los cuarentas al presente, organicé el que creo fue el primer salón de fotografía en la ciudad en el Centro Cívico y varias otras muestras de fotografía contemporánea, y más adelante curé muestras de videoarte lo que era percibido como algo novedoso en el medio, visto con mucha sospecha además. Estas últimas en la galería dpm que siempre fue muy generosa con su espacio en relación con muestras que no tenían un perfil comercial.

 

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¿Hace trece años, qué te impulsó a crear, editar y mantener Río Revuelto?

El diagnóstico de la escena en la ciudad pasaba por analizar los agentes que la dinamizan y hacen posible: el primer factor era la academia, que era simplemente inexistente hasta la creación del ITAE justo alrededor de ese momento, el segundo las instituciones cuya dirección y norte era muy pobre, y el tercero los medios de comunicación que en teoría debían articular la producción cultural para los grandes públicos. Pero el rol de los medios era la calamidad mayor, sin especialistas y con una vieja guardia de reporteros acomplejados, de horizontes y referentes limitadísimos y llenos de compromisos clientelares; en resumen cero conocimiento y cero criticidad. La cobertura del arte en los medios, en términos generales, era solo un tema congratulatorio, un engranaje más de las relaciones públicas de los creadores. Frente a esa maquinaria atrofiada la consolidación de una escena de arte contemporáneo requería de una plataforma de difusión que se perciba informada y con discernimiento, ese fue mi móvil inicial.

 

¿ Cómo encuentras al campo del arte en el Ecuador 13 años después de haber impulsado a Río Revuelto?

Creo que hemos pasado por varios ciclos, uno cumplido en la década pasada lleno de energía, de proyectos, de un espíritu cuestionador, de cruce de ideas, de discusión, de tensiones que energizaban el ánimo de sus actores. Lo más bello para mi fue ese tiempo de nadar a contracorriente porque al menos existía un sentido de comunidad y una percepción de avance muy especial. Fue la década donde se posicionaron esas prácticas y a nadie se le ocurría ya volver al pasado, a un “retorno del orden” que algunos exigían cuando el arte contemporáneo comenzaba a imponerse tomándole el pulso al espíritu de su tiempo. Pero los últimos años no son tan interesantes, para mi han perdido cierta vitalidad: por un lado encuentro positivo la coexistencia de múltiples formas de entender y abordar la práctica artística (esto nos está haciendo reconciliar además con la producción del pasado renovando la mirada con que nos aproximamos a esta), pero lo negativo ha sido una complacencia general con las lógicas que nos rigen, con las fuerzas dominantes que moldean nuestras vidas, con el poder, y lo más grave –particularmente en Guayaquil- una complacencia con el accionar de las instituciones que da vergüenza: es increíble que los artistas no hagan nada por recuperar el Museo Municipal, la Casa de la Cultura (¡cuanto dista el núcleo del Guayas versus el de Azuay por ejemplo!) y el proyecto fallido que es el MAAC…parece que los artistas han optado por cambiarse al asiento trasero, a amoldarse a la mediocridad de las instituciones. Otros se acoplan sin beneficio de inventario a las lógicas de producción más afines al arte que circula en el mercado internacional, desatendiendo su propio contexto. El mercado y su importancia es una realidad presente que no se puede eludir, pero debe sostenerse siempre un espíritu de sospecha sobre el mismo: es tan triste ver como artistas valiosos solo están pensando en su participación en la siguiente feria, dejando de lado reflexiones más urgentes sobre la profundidad de su trabajo, sobre las ideas que pone en marcha y sobre la resonancia del mismo en el contexto cultural del cual surge.

Por supuesto hay muchas excepciones, pero los últimos años se han caracterizado por un repliegue hacia poéticas más íntimas, más herméticas y en muchos casos superfluas y alarmantemente derivativas, lo que a mi me llama mucho la atención en tiempos tan complejos donde la realidad compartida da tanto que hablar. Finalmente creo que vamos a entrar en un nuevo ciclo ahora que las arcas del estado se han secado por lo que el aparataje surgido a partir de la creación del Ministerio de Cultura puede sufrir un doloroso derrumbe que dejaría secuelas. En términos generales no se ha logrado aún una la recomposición de las instituciones culturales que el país requiere, que pasa ante todo por la honestidad e integridad intelectual más que por la ideología; y sin eso seguiremos a la deriva.

 

¿Cuál crees tú que fue el aporte de Río Revuelto al campo del arte, tanto local como internacionalmente?

Creo que como plataforma de difusión cumplió un rol muy efectivo tanto al interior del país como con la articulación de la producción local en el extranjero. Internamente creo que logró un mejor conocimiento entre las escenas de Quito, Cuenca y Guayaquil, era una manera de estar al tanto de lo que ocurría en el patio de alado, además era una forma de los ecuatorianos que vivían afuera de tomarle el pulso a lo que estaba ocurriendo en casa. Según las estadísticas miles de personas llegaban a visitar un post de una muestra cuando la asistencia física no pasaba de 200 personas, esto definitivamente cambiaba el esquema de circulación de las obras, aparte no era lo mismo ver una sola foto en el periódico con alguna declaración sosa (si es que se llegaba a cubrir una exposición) que un conjunto de 30 fotos con detalles de todo lo presentado junto a un texto que situaba lo visto. También son innumerables las instancias donde me consta que la página fue un nodo informativo clave para lograr participaciones de artistas ecuatorianos afuera sin que yo haya hecho gestión particular alguna. Localmente la página era usada por estudiantes de todo nivel como el lugar de referencia para sus tareas e investigaciones de arte, esto la verdad me he venido a enterar con mayor detalle ahora que la página ha cerrado a través de comentarios de varios docentes de distintas ciudades que la empleaban en sus asignaturas. Pero para mí Río Revuelto tiene ahora un valor como archivo que es trascendente: a falta de otro repositorio de información la página reúne la memoria de un tiempo clave de nuestro arte.

 

¿Cuál es el destino del archivo que has armado en Río Revuelto, pensando en la fragilidad del internet?

Básicamente que la página siga en línea depende de que se mantenga operativa la plataforma del blog (que no es seguro ya que la tecnología cambiará seguro y esto depende de Google) y que yo siga pagando el costo del dominio para mantenerla, lo cual haré mientras pueda. Pero si, es una cuestión sujeta a contingencias que si se pierde sería imposible de recomponer ya que -por ejemplo- perdí toda la información de diez años de mi disco duro y solo queda lo que subí a la página.

 

¿Qué te motivó a tomar la decisión de finalizar con un proyecto al que has destinado tanto tiempo y esfuerzo?

Ciertamente hay un desencanto que vengo arrastrando hace algunos años, el entusiasmo ha ido disminuyendo al ver que las cosas en el medio en lugar de mejorar van para peor, y tampoco sentía, para serte sincero, que el conglomerado de personas implicadas en esto apreciaba el esfuerzo. Esto me fue pesando hasta en el plano emocional ya que si mantienes una plataforma pública con un criterio personal exigente inevitablemente te vas a granjear antipatías. Asistir a una exposición fue progresivamente cambiando de ser un gusto a una responsabilidad que me obligaba a manejar cierto tipo de mirada, y yo quiero volver a establecer otro tipo de conexión con el arte, una menos tensa para procurar el gozo intelectual y sensorial que me mueve cuando me encuentro fuera de la escena.

Esta decisión tampoco fue capricho de un momento: como hace tres años inclusive puse un anuncio buscando a una persona que quiera tomar la posta de esta tarea. El resultado de la búsqueda fue nulo. Lo comenté incluso con personas cuyo perfil garantizaba la continuidad de un criterio editorial para mantener la página, pero el asunto del tiempo que demanda y el trabajo ad-honorem no son exactamente un aliciente. Yo soy un mal gestor de fondos, pedir plata es la última de mis habilidades pero supongo que alguien con buena iniciativa y creatividad hubiese podido convertir la página en un ente autosustentable y con un alcance aún mayor.

 

¿Qué proyectos futuros tienes, algunos de esos están relacionados con el arte contemporáneo?

En todos estos años yo nunca dejé de mantener una actividad como gestor, curador, investigador y hasta animador cultural. Tal vez Río Revuelto me empujaba inclusive a mantener una salida creativa escribiendo textos. Seguiré haciendo lo que me gusta escogiendo proyectos que me motiven: este mes debería entrar a imprenta un nuevo libro sobre la vida y obra de Eduardo Solá Franco que cierra un ciclo revisionista al que me he dedicado con un deleite inusual, en marzo estaré dirigiendo una residencia internacional con 8 artistas en las Islas Galápagos que derivará en una muestra en Quito para el mes de septiembre. Para junio estoy comisariando una muestra de Ilich Castillo en Colombia que reúne trabajos extraordinarios de su producción reciente y luego de eso pienso dedicarme a una investigación grande que estoy proyectando sobre el uso de obras de arte desde como insumo informativo en investigaciones arqueológicas. Luego de eso y dependiendo de los ánimos vamos para cosas nuevas.

Muchas gracias por darte tiempo para esta entrevista.

 

Rodolfo Kronfle Chambers

Kronfle es investigador y curador independiente nacido en Guayaquil. Es licenciado en Historia del Arte por Boston College y ha cursado estudios de maestría en Arqueología. Desde 1996 ha publicado decenas de ensayos y comisariado numerosas muestras, entre estas Lo que las imágenes quieren_Video desde Hispanoamérica en la Fundación ICO de Madrid, Passado Imperfeito en el Centro Cultural São Paulo, Los matices del porque en el contexto de la XI Bienal de Cuenca y Ecuador: la vida en estado puro en el Museo del Barrio en Nueva York. Del 2003 al 2015 editó la página RioRevuelto.net, el más extenso archivo virtual de arte contemporáneo ecuatoriano. Ha llevado a cabo algunos revisionismos del arte moderno local, entre estos una reconsideración del ancestralismo de los años sesenta en el Museo Casa del Alabado de Quito, y varias publicaciones sobre Eduardo Solá Franco, entre estas los volúmenes íntegros de sus Diarios Ilustrados 1935-1988. En el 2011 publicó el libro Historia(s)_en el arte contemporáneo del Ecuador 1998-2009, primer compendio de divulgación sobre la producción artística en el Ecuador en la pasada década. Ha sido jurado de salones, becas y bienales en varios países y se desempeña además como asesor de instituciones culturales de alcance latinoamericano y global como la Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO) y la Rockefeller Foundation.

Comentarios

  1. Sé de lo que habla Rodolfo Kronfle cuando cierra un espacio de trabajo al que le pone mucha fuerza, sin lograr manejar recursos para la autosutentación. No me he perdido las publicaciones de Río Revuelto porque las lecturas desde varias orillas son válidas y enriquecen mi trabajo..Sin por ello dejar advertir que encontré deslices de prejuicios y matices de verdades absolutas sobre nuestro medio cultural, que al fin de cuentas caen en la “dolama” eterna de identidades, marcas, tatuajes y fanaticada de ambiciones que permiten comparaciones necias. Celebro que no sea cierre de su trabajo cultural, pues el mérito de trabajo en esa obra intensa de recuperación y puesta en valor de Solá Franco,elinima cualquier desacuerdo. He seguido paso a paso desde cuando armaba pininos en el Museo Municipal con nóveles artistas. La página Río Revuelto ha cumplido con lo suyo pero tampoco creo que Rodolfo deba decir que es mal gestor de fondos, tampoco que todos los artistas somos relamidos modernistas que pensamos en ferias, sin sustentación informativa para nuestro trabajo. Rodolfo vá a hacer lo que quiera siempre bien, porque eso es lo que busca. Patricia León Guerrero.pintora-investigadora gestora cultural-Guayaquil.

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