Pilar Flores y su poética del silencio por Natalia Sierra.

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“El silencio que ofrece una reflexión sobre el ser, deberá ser un silencio de cristal, es decir un silencio transparente. Mediante la práctica del silencio será posible vislumbrar como el ser es una función de límites, elasticidades, vibraciones y campos tensionales.” Ignacio Izuzquiza

Sin lugar a dudas la humanidad asiste al umbral de su catástrofe social y ecológica. En lo social el deterioro de los acuerdos humanos básicos para la convivencia se manifiesta en el aumento de la violencia en todas sus formas, incluidas las más perversas. En lo ecológico, el deterioro del medio ambiente que nos hospeda se muestra como la hostilidad de la naturaleza sobre la vida humana, que no es otra cosa que su hostilidad con la naturaleza. Lo cierto es que vivimos el fin de un proyecto civilizatorio que en su declive ha impuesto el ruido ensordecedor de la violencia, en medio de la cual el ser se agota, se empobrece por su imposibilidad de saberse.

En este escenario, la obra plástica de Pilar es una invitación para entrar en el mundo del silencio transparente, rincón y refugio poético donde el ser se encuentra con su intimidad.

En el silencio que propone la delicadeza plástica de los juegos blancos, el ser desnudo e indigente confronta sus tensiones, sus diferencias, sus miedos, sus tristezas y alegrías. Así Pilar, brinda al contemplador la posibilidad de saberse en su integridad por fuera de los ruidos de la ciudad olvidada.

 

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En silencio el ser se encuentra asombrado de la violencia grotesca, que como sombras atraviesa sus delicados cortes de la filigrana de papel traslúcido, que cuelga en la sala blanca. Los laberintos que como telarañas se proyectan en el fondo oscuro del diario de un iris, invitan al visitante a entrar en sus propias inquietudes existenciales.

Los testimonios del ser plasmados en los cuadernos de viaje, se insinúa en el camino que el silencio del dibujo imprime en las letras de la artista relatando su poética de fascinaciones blancas. Nos encontramos así en las historias de los mil lenguajes del ser circular, que parece huir entre la delicada cromática que hilvana el alma del peregrino de su obra.

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En silencio el ser transita por sus muchas historias femeninas, narradas con hilos de inalcanzable pureza que surcan los retazos de sus tristezas. Mujeres de muchas pieles susurran al oído del visitante su vida cotidiana, sus deseos bordados, los flecos de sus historias no terminadas.

En el silencio de la arena blanca el ser experimenta fascinado la profundidad de sus pecados imperfectos, de movimientos mínimos atrapados en fragmentos temporales que conjugan oriente y occidente. El espacio vacío herido por la puesta en escena de un imperceptible movimiento de conciencia nevada, hunde al ser en su silencio silente. El espacio arquitectónico creado por Pilar es una pausa que cuestiona la fe ciega en la palabra y desgarra las perturbaciones lingüistas del ser.   Por cada rincón del espacio creado, el silencio aparece y acontece dando una nueva pausa al ser en su íntima presencia, en la que se encuentra con su palabra interior.

En el silencio de los claroscuros que se forman en el fondo de la pared, el ser reconstruye sus territorios perdidos, sus geografías olvidadas en el ruido del tiempo acelerado, que acecha desde la ciudad.

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En ausencia de la palabra estridente que ordena, la poética del silencio propuesta por Pilar interpela por la reconstrucción abierta y continua de la experiencia singular del caminante, que observa su obra. Acogido por el silencio, el ser se funde con sus impulsos oníricos, sabe que calla y que es sentido por otros. En el silencio el ser atestigua que se pertenece, que dejó de ser un extranjero en la ciudad perdida del lenguaje. La pertenencia le permite al ser entrar en el universo de sus pensamientos íntimos, escondidos entre las formas creadas por la soñadora de trazos.

La poética del silencio de Pilar es el hilo de Ariadna que nos muestra la salida posible de los laberintos ruidosos de la civilización en decadencia.

Galería de fotografías de la muestra Aliento, antológica de Pilar Flores realizada en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, 2015 – 2016. 

Foto: Gonzalo Vargas M.

Natalia Sierra, socióloga graduada en la Universidad Central del Ecuador, con un Doctorado en Sociología en la Universidad Libre de Berlín, es profesora-investigadora en la Escuela de Sociología y Ciencias Políticas de la PUCE. Sus líneas de interés teórico-investigativo son en el campo de la cultura, la política y la epistemología. Ha sido profesora en programas de pregrado en Sociología, Comunicación y Artes y en programas de posgrado de Salud Pública, Medicina Familiar, Desarrollo Social y Comunitario.    

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