De miedos, museos y políticas culturales

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De miedos, museos y políticas culturales

Callar o hablar, escribir y hacer públicas las ideas y cuestionamientos o dejarlas guardadas en el cajón del despecho. En este período de crisis institucional en el ámbito cultural, son necesarias posturas públicas; sin embargo, las arbitrariedades tienen una dimensión tan grande que dificultan plantear argumentos. Por ejemplo, ¿qué se puede decir ante el continuo cambio de Ministros de Cultura y Patrimonio? Hemos tenido casi un Ministro por año. ¿Qué continuidad en la construcción de institucionalidad y de política cultural es posible en estas condiciones? El humor (reírnos para no llorar) ha sido la respuesta de quienes somos parte del sector: en redes sociales circulaba la idea, de publicar “un álbum de cromos” de los Ministros de Cultura que han tenido como consigna en su mandato la aprobación de la Ley de Cultura.

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Captura de pantalla de video publicado en la cuenta Youtube del Ministerio de Cultura y Patrimonio

A la inestabilidad del Ministerio se suman varios pendientes como la integración del quehacer cultural al cambio de matriz productiva, la democratización y el acceso a la cultura, la reforma del Museo Nacional y una larga lista de buenas intenciones, que por la falta de visión y continuidad en la administración de la cultura, no han podido concretarse. ¿Qué se puede decir ante la designación de un Ministro, cuyo nombre está desprestigiado por su intento infructuoso de ser nombrado Rector de la Universidad Andina con el auspicio del gobierno? ¿Qué se puede debatir frente a un manejo cultural que se enarbola con la bandera de la transparencia para ser opaco? ¿Qué se puede proponer ante una administración cultural como la de la Fundación Museos de la Ciudad, que desarticula procesos sociales de largo aliento, de reflexión, de vínculos con la comunidad, de investigación, como el que encabezaba la desaparecida área de Mediación Comunitaria? ¿Cuál es “la nueva línea de trabajo” de los museos de la Fundación? ¿Educación vertical, llenar al museo de “públicos” y generar unos indicadores cuantitativos de gran utilidad política? ¿”Sacar el museo a la calle”, con una perspectiva institucional de la democratización de la cultura, característica de los años ochenta, tan debatida en las investigaciones sobre museos? ¿A qué objetivos de la Fundación o a qué ejes educativos o comunitarios pertenecen los talleres que ahora ofrece el CAC?

Ante este panorama, ¿cómo es posible generar un cambio? Como actores del campo cultural, sólo nos es permitido visionar la telenovela trágica y melodramática de la cultura y mirar cómo se desbaratan los procesos culturales.

En noviembre del 2015 nos organizamos para aportar con una mirada crítica a los procesos culturales en la ciudad. Este grupo de personas envió abiertamente a agentes del sector una invitación para discutir sobre la crisis institucional de la cultura. Pensamos que la primera acción podría ser una carta pública al Alcalde de Quito, llamándole la atención sobre el manejo de la cultura en la ciudad. Eso era lo urgente. Sin una mayor expectativa, dejamos abierta la posibilidad de romper con la fragmentación y pasividad propia del medio cultural para constituirnos y proponer otras acciones. Como argumentamos en esa carta pública y en otros boletines, propuestas y reuniones con las autoridades culturales de Quito, nos interesaba propiciar un giro de timón en la gestión de la cultura. Recolectamos firmas de artistas, académicos y gestores, nos reunimos de manera continua para producir documentos e imaginar acciones críticas. En ese proceso, algunos actores se fueron distanciando y otros continuamos. Tuvimos varias reuniones (cuatro, para ser exactos) con el Secretario de Cultura, Pablo Corral, e incluso llegamos  a firmar un documento que impulsa la conformación de una Mesa de Trabajo para las Artes Contemporáneas en Quito.

IMG_0677.JPG Reunión del Comité de Actores Culturales con el Secretario de Cultura Pablo Corral, la Directora de la Fundación Museos de la Ciudad María Elena Machuca y el abogado Pablo Swing. Fotografía: José Luis Macas

Reunión del Comité de Actores Culturales con el Secretario de Cultura Pablo Corral, la Directora de la Fundación Museos de la Ciudad María Elena Machuca y el abogado Pablo Swing. Fotografía: José Luis Macas

Finalizada esta primera parte de nuestro proceso, nos mantuvimos callados; quizás porque había la ingenua expectativa de apoyar a los procesos culturales institucionales. Paralelamente, se realizó la famosa convocatoria pública para el cargo de coordinación de dos espacios culturales de la ciudad; para el Centro Cultural Metropolitano se eligió a Pilar Estrada  y para el Centro de Arte Contemporáneo de Quito se optó por León Sierra. Más allá de la legitimidad del concurso y de los méritos de León Sierra en su campo de trabajo cultural, su elección evidencia la fragilidad del campo del arte contemporáneo, pues a ningún jurado del ámbito del teatro se le hubiera ocurrido nombrar a un artista visual como directivo. Nos sorprendimos con la elección de Sierra, ya que proviene del teatro, y uno de los temas tratados constantemente en las reuniones con Corral fue la necesidad de trabajar con profesionales especializados; por tanto, propusimos al nuevo coordinador del CAC vincule a su equipo a personas conocedoras del campo del arte contemporáneo. Después de las entrevistas y declaraciones que aparecieron en El Comercio y El Telégrafo tras la nominación, hemos seguido callados, a la expectativa de ver cuáles iban a ser las decisiones y cambios institucionales.

En una reunión con Pablo Corral y Ricardo Gutiérrez se llegó a considerar la posibilidad de realizar una asamblea convocada por la Secretaría de Cultura. En esa reunión se trabajaría sobre los derechos culturales y se pensaría de manera colectiva la reactivación del Centro de Arte Contemporáneo. Los acuerdos quedaron en palabras.  Semanas más tarde,  tuvimos una tensa reunión con León Sierra y Fanny Zamudio: todas las decisiones sobre el Centro de Arte Contemporáneo estaban tomadas, las áreas de trabajo tenían nuevos -y arbitrarios- nombres a cargo, y las personas contratadas no eran conocedoras del campo del arte contemporáneo -para poner un ejemplo, el encargado de Educación, que ya no se llama Educación sino “Transferencia del Conocimiento”, es un abogado-. En esa reunión, León Sierra nos pidió que “nombremos nuestros miedos”. Después de las decisiones que se tomaron, ahora podemos nombrarlos y compartirlos en el siguiente texto.

El nombre de nuestro miedo: el CAC y su nuevo mandato de gestión cultural

 Captura de pantalla de perfil de facebook del Centro de Arte Contemporáneo.

Captura de pantalla de perfil de Facebook del Centro de Arte Contemporáneo.

Cuando un Centro de Arte Contemporáneo utiliza sus redes sociales para que sus  seguidores le ayuden a definir lo contemporáneo o qué se puede entender como arte, refleja claramente el frágil estado de las instituciones culturales públicas de la ciudad.

Sin embargo, vale la pena recordar que la institucionalidad cultural pública del país y de Quito es aún una ficción. Basta revisar procesos históricos que dan cuenta del surgimiento de instancias culturales que por varias razones fundamentales no han podido consolidar sus procesos; entre ellas, una de las más importantes es que históricamente, cada directivo de turno ha puesto a funcionar instituciones de orden público con sus agendas privadas. Como ejemplo (y dejando en claro que no es el único caso), basta mencionar que el nuevo coordinador del Centro de Arte Contemporáneo ha vinculado este espacio a las artes escénicas, su campo de acción. Uno de los argumentos para este giro es que anteriormente el acceso al CAC estaba cooptado por “un sector”; suponemos que se trata de las “artes plásticas”, pues se afirma que un ochenta por ciento del espacio estaba destinado a estas actividades “pedestres, poco democráticas, con escasa participación de la sociedad y discrecionales”; el antiguo CAC era una “galería de venta de currículos”, a decir de su nuevo coordinador.1 Estas afirmaciones demuestran un alto desconocimiento, desprecio y prejuicio frente al arte contemporáneo y los procesos que genera, y además, una confusión de conceptos, que un alto directivo de una institución cultural no debería tener. Es decir, lo que pretende la nueva administración del CAC es un borrón y cuenta nueva. ¿Todo esto acaso no se convierte nuevamente en una intención refundadora?

La construcción de institucionalidad significa partir de lo que ya se ha logrado, aprovechar cimientos, redes, inversión pública que ha posibilitado la generación de debates, de programas, de comunidades. Crear institucionalidad no es armar un organigrama de trabajo, ni una planificación gerencial que no respeta procesos anteriores y trayectorias profesionales. Como ya lo hemos analizado en anteriores boletines, es indudable que el CAC estaba en proceso de deterioro; sin embargo, más allá de ello, creemos que no se pueden desconocer y despreciar logros anteriores.

Una de las posturas de la administración del nuevo centro es generar un ejercicio democrático en las decisiones y eventos que se lleven a cabo en la institución: “pasar de la cultura de la discrecionalidad a la cultura de la democracia”. Pero, ¿qué es la cultura de la democracia? Afirmar que un centro cultural es un espacio para “todos” es retórico. Toda decisión de cómo y desde dónde trabajar con lo cultural es política; esa decisión se refleja en una agenda de trabajo que debe ser evidenciada públicamente. Y, claro, sin duda, este ejercicio genera conflictos; pero, precisamente, ese es uno de los principios de la democratización cultural, de la democracia simbólica. Es importante reconocer que existen relaciones de poder y tensiones entre una institución y agentes culturales. Un centro cultural no transmite verdades estables, ni las concilia, sino que cuestiona e interpela permanentemente. No trabaja desde certezas; y en ese sentido, es necesaria la mediación. Desconocer esto es desproblematizar la labor de estas instituciones culturales que sobre todo se encuentran insertas en contextos diversos.

Un signo de refundación ha sido renombrar las áreas que estructuran la administración del centro cultural. Volver a nombrar no puede quedarse en un gesto pretencioso de activismo. Desestabilizar con el acto de nombrar sin un fundamento sólido no tiene sentido. Quisiéramos conocer los argumentos que sostienen los cambios de nombre de las áreas de trabajo del CAC y la selección de los profesionales que las ocupan. Un especialista en gestión cultural como es el nuevo coordinador, debe saber que la estructuración de áreas administrativas responde a la funcionalidad que éstas tienen en las líneas de acción y programación de un espacio. Pero, ¿cuáles son estas líneas que hasta el momento no han sido “democráticamente” “transferidas”? Creemos que es momento de “ponerle nombre a nuestros miedos”. Algunas preguntas al respecto son: ¿Qué entiende el CAC por circulación de la obra? ¿Transferir conocimiento, de quién a quién, qué conocimiento, quién ejerce poder y autoridad con una forma de conocimiento que debe ser transmitida? ¿El CAC se relaciona con la comunidad, es decir, es un agente externo a la comunidad que le rodea? ¿De qué convocatoria democrática y ligada a una programación consistente sale la intención de exhibir obras de Jesús Cobo?

Recientemente se organizó una asamblea que intentaba “pensar la línea programática para los usos posibles del CAC”,2 que será resumida en un “manual de buenas prácticas que encierra la gestión cultural de un espacio público”. Recibimos la invitación para que un delegado de nuestro comité asista a la asamblea, pero decidimos no participar como una toma de posición frente a la omisión del proceso previo que habíamos mantenido, es decir, a los análisis, planteamientos y peticiones que dirigimos a las instituciones culturales y autoridades de la ciudad, como es de conocimiento público. Aunque reconocemos la importancia de estos espacios de participación, nos preguntamos, ¿cómo se seleccionó a los convocados a dicha asamblea? ¿Qué legitimidad tienen los resultados obtenidos de este proceso de tan solo un día de duración? Esta inquietud es importante ya que es un documento que va a regir la agenda del Centro de Arte Contemporáneo. Hay una pregunta adicional: ¿por qué desconocer procesos ya discutidos en el Manual de buenas prácticas para las Artes Visuales en Ecuador, elaborado en Arte Actual FLACSO, por más de 80 agentes culturales, entre artistas, académicos, curadores, historiadores, miembros de comunidades, galeristas de todo el país, en 2014?

Es fundamental que la administración de una institución cultural pública, sea un espacio para opiniones y miradas diversas; que un centro de arte contemporáneo no tenga un concepto reducido y prejuiciado sobre las artes visuales y las artes contemporáneas que son el resultado de procesos de investigación. Como ejemplo, en la entrevista al actual coordinador del CAC, publicada recientemente en diario El Comercio, el entrevistado sostiene que “la investigación tiene que ver con las academias”. Los estereotipos son peligrosos, pues no sólo revelan un profundo desconocimiento del campo del arte: desde hace décadas hay una relación estrecha y colaborativa entre arte e investigación. El mismo Premio Mariano Aguilera es una muestra de ese tipo de procesos. La investigación no es un espacio restringido a la academia, y parecería absurdo repetirlo para alguien que se enuncia como activista de los movimientos sociales: el conocimiento (la investigación como medio para producirlo) puede y debe ser un ejercicio de colaboración, “de abajo hacia arriba”. Los conocimientos “otros” son vitales para la reactivación de espacios como este; pero para trabajar con ellos hay que investigar, usando herramientas que no vienen solo de un orden hegemónico de las ciencias sociales, sino que vienen desde las pedagogías del arte, la educación popular, las propias prácticas artísticas. Esto construye memoria y procesos, construye institución.  

Como Comité de Actores Culturales podríamos seguir pendientes de cada una de las decisiones (para nosotros arbitrarias) tomadas en el CAC; sin embargo, nos cuestionamos si nos interesa ejercer una suerte de veeduría de cada una de las acciones y declaraciones de la nueva coordinación. Después de haber intentado aportar a la institucionalidad cultural de la ciudad con ideas y tener un diálogo infructuoso con León Sierra, observaremos otros procesos y los debatiremos públicamente como agentes críticos que somos. Sólo nos preguntamos, ¿qué va a pasar con el Centro de Arte Contemporáneo? Se espera que la nueva coordinación y su equipo hagan su trabajo y esté a la altura de lo que una institución de arte contemporáneo demanda.

La comunicación del Centro de Arte Contemporáneo de Quito ha utilizado diversas palabras para enfatizar en el término arte y qué coincidencia, el afiche se relaciona con este texto… Captura de pantalla del Muro del Perfil de Facebook del Centro de Arte Contemporáneo.

La comunicación del Centro de Arte Contemporáneo de Quito ha utilizado diversas palabras para enfatizar en el término arte y qué coincidencia, el afiche se relaciona con este texto… Captura de pantalla del Muro del Perfil de Facebook del Centro de Arte Contemporáneo.

Comité de Actores Culturales

18 de abril de 2016

Firmas de Responsabilidad:

Paola de la Vega Velastegui
Giada Lusardi
Anamaría Garzón Mantilla
Manuel Kingman
Jaime Sánchez Santillán
José Luis Macas Paredes
Fabiano Cueva
Daniel Ludeña

Enlace a los anteriores comunicados y boletines del Comité de Actores Culturales

http://www.laselecta.org/tag/comite-de-actores-culturales/

Notas al pie: 

Las citas que aparecen entre comillas de aquí en adelante, corresponden a  los apuntes que hicimos en la reunión mantenida con León Sierra el viernes 1 de abril de 2016.
Apunte de la reunión realizada con León Sierra el viernes 1 de abril de 2016.

Comentarios

  1. Ana Aulestia says:

    Hola, ¿dónde puedo encontrar el Manual de las buenas prácticas para las artes visuales?

  2. Esteban Salazar says:

    jajaja! Excelente, sigan adelante! Se necesita crear conciencia en este sector.
    La visión de la cultura en el Ecuador con su cliché de que todo tiene que ser enfocado desde el patrimonio es tan caduco, que no da paso al fomento de otras miradas y procesos. Vivimos una crisis de identidad eterna, que dificulta generar acciones de toda indole. Los intelectuales de la cultura o los arrimados ( que no tienen ni idea sobre cultura o arte ), se la pasan elucubrando ideas ¨profundas¨ sobre cómo se debería ser todo. Sin embargo, estos grandes filósofos en su gran pensamiento abstracto, se han olvidado de hacer investigación de campo y obtener datos reales sobre la cultura en el Ecuador.
    En vez de quejarnos de que tenemos un aparato estatal cultural de mierda y esperar que ellos hagan algo por la cultura, que dentro de tanta corrupción e ignorancia ya sabemos que lo van a hacer mal (si lo hacen) . Es momento de tomar iniciativas y hacer el trabajo que el estado no hace. Tampoco se puede justificar que porque los organismos estatales no hacen nada, el arte y la cultura no progresa. No progresa porque hay desunión, hay ignorancia y hay confusión con respecto a cómo se debería abordar el tema.
    Nosotros como artistas y gestores debemos exigir qué se debe hacer y no esperar que nos den haciendo. Lamentablemente, en este caso la unión haría la fuerza, pero este país está lleno de pequeños gremios totalitarios ( muchas veces corruptos) y el arte de ¨cerrucharte el piso” es nuestro legado cultural por excelencia. La pro actividad y el hazlo tu mismo es tan utópico, como la de tener una política cultural que funcione.

    Así que estamos cagados amigos! y esto va de mal en peor. Arriba mi Pilsener! ( eso es lo más culturales que podemos ser..)

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