Pensar el Paro Nacional

Aportes:

01) El Paro Nacional en la mirada de Pocho Álvarez
02) Evict the road: Intervención en el espacio público. Por Darío Caiza
03) Cómic: Experiencia Paro 2019. Por Diego Carvajal
04) La Movilización Indígena y Popular de octubre en el Ecuador: Una reflexión desde adentro. Por Cristina Cucurí M.
05) Espacios culturales autogestionados: saberes activos por una vida digna. Por Paola De la Vega V.
06) Día del Escudo: Recopilación Documental. Por Falco 
07) Escuchar, una dimensión política. Por Pilar Flores y Roberto Vega
08) Amarillo azul y roto: Resonancias de la década de 1990 a propósito del Paro Nacional. Por Manuel Kingman G. y Pamela Cevallos
09) A propósito del 12 de Octubre del 2019. Por José Luis Macas
10) Cocina y Resistencia. Por Santiago Rosero
11) Wawa Wasi y las movilizaciones sociales de octubre: memorias de espacios ocultos para mujeres y wawas invisibles. Por Karen Solorzano Bastidas y Jaime Sánchez Santillán

 

Introducción: Desde el arte y el cuerpo, pensar el Paro Nacional

La presente edición parte de la necesidad de juntar y poner en diálogo reflexiones motivadas por el Paro Nacional de octubre del 2019 que provienen de las múltiples y concretas experiencias suscitadas a partir de ese momento histórico; se trata de experiencias de participación colectiva que fueron captadas de manera sensible, procesadas y pensadas en medio de los acontecimientos que marcaron la vida del país en esos días. La vista, el oído, el tacto, las emociones corporales fueron los medios para relacionarnos con una coyuntura compleja. A través de la disponibilidad para “poner el cuerpo” en la protesta se expresaron posturas de rebeldía e indignación, y también acciones relacionadas con el cuidado, la empatía, la generosidad y la solidaridad.

¿Qué significó el paro para el movimiento indígena? ¿Qué significa el paro para el mundo mestizo? ¿Qué significa el paro para la sociedad ecuatoriana? Evitaré responder a la primera pregunta, puesto que pienso que es una interrogante relacionada con los procesos internos del movimiento indígena, con su reflexión y capacidad analítica, así como con los alcances y límites de su accionar político. La evaluación de lo sucedido debe partir de un pensamiento de las bases, los líderes y los intelectuales indígenas, por lo tanto, evitaré responder esa pregunta, tomando distancia de un ejercicio de ventriloquia como los que se dieron de manera marcada en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, y que aún tienen sus resonancias.

La segunda pregunta, relacionada con pensar qué significó el Paro Nacional para el “mundo mestizo”, nos remite a una cuestión amplia y compleja, pero necesaria. Cuando hablamos de sectores medios, en términos generales, tocamos un universo demasiado amplio, difícil de caracterizar, en donde entraron en juego diversas posiciones. Es mejor, en este caso, partir de los hechos más cercanos, los que pudimos palpar quienes formamos parte de ellos. Esta cuestión también implica la relación que nosotros como mestizos de estratos sociales alto, medio o bajo, tenemos con el mundo indígena y la matriz cultural andina. Los pueblos y nacionalidades indígenas, sus costumbres y expresiones culturales son rechazadas por algunos sectores mestizos, sea por racismo o por una necesidad de “blanqueamiento”. Se trata de un repudio hacia lo indígena construido desde el estereotipo de lo bárbaro, lo ignorante y lo atrasado que ha tomado fuerza a propósito de crisis como las de octubre. Otros sectores tratamos de comprender, dialogar e integrar a los elementos culturales indígenas, entendiendo que esas expresiones culturales y sociales también son parte -de una manera compleja- de nuestras raíces como mestizos. No se trata de una relación folklorizada con el mundo indígena sino de una búsqueda de sentidos, que también nos compete como andinos.

A partir del paro se han presentado diversas posiciones: unas que rechazan a la movilización y la ven como un atentado al orden instituido y otras que ven al Paro Nacional liderado por la CONAIE, como una movilización necesaria para cuestionar las políticas gubernamentales y a la propia modernidad como un proyecto colonial. Hay que decir que al hablar de lo “mestizo” -término controvertido y creado por los estados nacionales con el fin de homogeneizar a una población diversa y heterogénea- nos encontramos con un amplio conglomerado de personas, actitudes y posturas, pero también con un extenso espectro social en el que se presentan desigualdades de clase y racializaciones, diferencias culturales, regionales, etarias y de género. Obviamente, no para todas las personas mestizas el Paro Nacional significa lo mismo: para una parte de la sociedad, el paro es algo provocado por esos indígenas que “no les representan”, mientras otros sintieron que el paro ponía en juego sus propios intereses y necesidades como sectores populares y medios.

La pregunta sobre el sentido del paro para el mundo mestizo me lleva a la tercera pregunta: ¿Qué significa el Paro Nacional para la sociedad ecuatoriana? El movimiento indígena propuso a partir del levantamiento de 1990 unas relaciones fundamentadas en la interculturalidad. Su propuesta buscaba ir más allá del simple reconocimiento de culturas, para suscitar espacios y prácticas concretas de diálogo y escucha. Treinta años después de esa propuesta. ¿Qué ha sucedido con la sociedad ecuatoriana? ¿Se ha logrado ir más allá del reconocimiento y se ha llegado a una comprensión intercultural entre las diversidades que la componen? Si se mira lo sucedido en el Paro Nacional se puede argumentar de manera positiva y también de forma negativa.

El racismo expresado con virulencia en las redes sociales muestra una sociedad desigual, segmentada y que no es capaz de dialogar con el otro de manera horizontal. Se podría pensar que esos odios intensos, adornados con estereotipos, descalificativos y malas palabras representan a todo el Ecuador; afortunadamente, no ocurre así en su totalidad. En contraste con lo anterior, la solidaridad y la empatía también pudieron apreciarse en el Paro Nacional. La necesidad de apoyar al movimiento indígena desde el cuidado da cuenta de que la sociedad ecuatoriana también tiene la capacidad de sensibilizarse y tener generosidad hacia el otro.

Es complejo tratar de responder las preguntas que nos hemos planteado como artistas, docentes y gestores culturales y que me planteé en este texto. ¿Cómo pensar en la idea de una sociedad ecuatoriana como una unicidad orgánica, cuando se trata de una población fragmentada, cuando es una sociedad a la que se le dificulta crear un proyecto colectivo y unos acuerdos mínimos?

Si es complejo pensar en la sociedad ecuatoriana, también es complejo hablar y pensar a partir del Paro Nacional, hay demasiados actores involucrados y demasiados intereses en juego. No podría justificar todas las acciones y declaraciones de los dirigentes indígenas; pienso que también hay que tener el pensamiento crítico necesario para distanciarse de ciertas prácticas y discursos. Así mismo, no puedo desconocer el cariz violento que en ciertos momentos tomaron las manifestaciones. Por sobre todo me distancio del oportunismo correista, que luego de diez años de persecusión a los movimientos sociales trató de colocarse el pañuelo de lo revolucionario para pescar a río revuelto. Sin embargo, considero que todos esos elementos no quitan el valor histórico al Paro Nacional y la importancia que tiene no solo para el mundo indígena sino para la sociedad ecuatoriana en su fragmentado y complejo conjunto.

En los últimos meses ha habido una campaña sistemática de desprestigio al movimiento indígena y hacia el “salvajismo de las protestas”. Titulares y editoriales de periódicos, periodistas radiales, noticieros y entrevistadores han hecho coro al discurso del gobierno: el vandalismo y violencia de las protestas, la destrucción del Centro Histórico de Quito, y las pérdidas millonarias suscitadas por esos sectores que no dejaron al país trabajar. Poco se dice en esos medios de la represión policial y de los once fallecidos; tampoco se habla del derecho a la resistencia.

En esta edición se compilan las fotografías de Pocho Álvarez, documentalista siempre presente en los momentos claves de la lucha social. Dario Caiza realiza la intervención en el espacio público Evict the road, propuesta que consiste en colocar unos adoquines con los nombres de los fallecidos en paro en el Parque del Arbolito. También se publican las imágenes de Diego Carvajal, quien realiza una crónica dibujada desde su experiencia en el Centro de acogida de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Fernando Falconí (Falco) aporta con una selección documental que consiste en la recopilación virtual de imágenes de escudos de diversos materiales, utilizados para protegerse de la represión y que fue difundida el primero de noviembre, Día del Escudo Nacional. Cristina Cucuri presenta una mirada desde adentro del movimiento indígena visibilizando la situación de exclusión y falta de oportunidades que motivaron a los indígenas y sectores populares a movilizarse. José Luis Macas escribe sobre dos imágenes fotográficas hechas el 12 de octubre del 2019 para pensar en el colonialismo y en la resistencia. Manuel Kingman Goetschel y Pamela Cevallos relacionan tres propuestas artísticas de la exposición “Amarillo, Azul y Roto” -presentada en el CAC de enero a junio del 2019- con el Paro Nacional.

Esta edición también presenta algunos textos basados en experiencias concretas. Paola De la Vega Velastegui escribe sobre la política del cuidado y prácticas organizativas de los espacios culturales autogestionados durante el Paro. En un sentido similar, Santiago Rosero recoge su experiencia como cocinero a cargo de las cocinas comunales del Parque El Arbolito y de la Salesiana. Karen Solórzano Bastidas y Jaime Sánchez Santillán realizan un texto a partir de su experiencia en un espacio habilitado para el cuidado de niñas y niños -cuyos padres participaban en la protesta- en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Pilar Flores y Roberto Vega reflexionan sobre la necesidad de la escucha a partir de lo sucedido en el Paro Nacional.

El levantamiento indígena de la década del noventa fue un hecho importante para la sociedad ecuatoriana; fue importante porque visibilizó las desigualdades y fracturas históricas presentes en el país y propuso otro Ecuador posible. El paro de octubre, como ya lo han planteado algunos analistas,[1] representa un nuevo ciclo de conflictos y resistencias. A pesar de la ausencia de claridad sobre la forma en la que se dieron determinados hechos, quiero pensar que hay una parte de la sociedad ecuatoriana que incluye -tanto a sectores populares, urbanos y rurales, pero también a sectores medios- para la cual el paro fue algo necesario como afirmación y expresión de rebeldía e insatisfacción frente a las condiciones de inequidad, postergación y sujeción de más de una década. En el 2020 esa resistencia es al capitalismo en su fase más compleja y despiadada. Un capitalismo generalizado de minería a gran escala, destrucción de la naturaleza, terror y muerte; un capitalismo de individualismo, control social, superficialidad y entretenimiento, un capitalismo que combina formas violentas y sutiles orientadas a coartar las posibilidades de expresión y de organización social. En el capitalismo contemporáneo un Paro Nacional como el vivido en octubre es algo importante.

Manuel Kingman Goetschel

enero de 2020

Notas:

  1. Juan Cuvi, Natalia Sierra y Nelson Reascos han tenido un papel importante en el cuestionamiento hacia la ofensiva y campaña de desprestigio hacia el movimiento indígena. ?

Créditos:

Introducción: Manuel Kingman G.
Selección y gestión de contenidos: Manuel Kingman G.
Apoyo en gestión de contenidos: Paola De la Vega y Jaime Sánchez Velastegui.
Edición: Manuel Kingman G, Eduardo Kingman, Pamela Cevallos, Paola De la Vega V. Jaime Sánchez Santillán.
Diagramación Web: Manuel Kingman G. 
Fotografías  adicionales utilizadas por los ensayistas: Edu León, Archivo Red Komuna Quitu, Colectivo Cerco Mediático, Alejandro Ramírez Anderson, Iván Castaneira.

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