REFLEXIONES SOBRE LA CENSURA Y EL SILENCIAMIENTO DEL ARTE

REFLEXIONES SOBRE LA CENSURA Y EL SILENCIAMIENTO DEL ARTE

No se necesitaron multitudes con velas y estandartes, ni editoriales periodísticos, ni tampoco la presión de las damas de sociedad cuencana para cerrar la exposición de uno de los artistas contemporáneos más importantes y críticos del Ecuador. Solo bastó un acto de violencia y fanatismo de un estudiante universitario para que la muestra sea clausurada al día siguiente de este gesto de intolerancia. Mientras el artista guayaquileño Marco Alvarado mediaba una visita guiada en su exposición “Difícil de leer, entre mi luto y mi fantasma” a públicos diversos, entre ellos, los estudiantes de la Universidad del Azuay, uno de los visitantes se sintió ofendido con la utilización de símbolos católicos, en una de las obras.  El estudiante esperó que acabara la charla y trató de violentar  la obra, arremetiendo contra las urnas de cristal y poniendo en riesgo su propia  integridad física. Tras estos hechos, fue detenido por sus compañeros, quienes avergonzados, junto a sus profesores, pidieron disculpas  al artista y al curador de la muestra.  

La exposición,  inaugurada  el 31 de octubre de 2017 en el Museo de las Conceptas de Cuenca- Ecuador, logró estar abierta durante quince días, aunque estuviese programada hasta febrero del 2018. Alvarado forma parte de “La Artefactoría”, colectivo artístico, recientemente reconocido con el Premio Nacional de Arte Contemporáneo Mariano Aguilera 2017, en la categoría Trayectoria Artística. Este reconocimiento lo ubica junto a sus colegas, Jorge Velarde, Xavier Patiño, Marcos Restrepo, Paco Cuesta y Flavio Álava en uno de los lugares más importantes dentro de la escena artística ecuatoriana.

Desde sus inicios, la obra de Alvarado se ha mostrado crítica con las formas e instituciones que representan hegemonías y poder o que lo ejerzan socialmente. Esta característica no es exclusiva de Marco Alvarado; una revisión  de la historia del arte permitirá entender, o al menos sospechar, que en distintos momentos  los procesos artísticos han tenido varios caminos e intereses que a la vez se convierten en posicionamientos o lecturas de la realidad. Conformada de estructuras sociales, esta realidad, a menudo cuestionada desde el artista,  ha sido impuesta desde lugares de poder. Siguiendo este orden de reflexión, la labor del artista es poner en crisis estas formas sobreentendidas como normales, aprendidas y reproducidas sin ninguna pregunta o reflexión.

También el arte ha tenido que lidiar, por este acento crítico con lo normativo, con varios episodios históricos de censura. Desde las clausura de la exposición de León Ferrari en Argentina por parte del actual Papa en el 2004, hasta las recientes censuras ocurridas en la muestra “La intimidad es política” en la ciudad de Quito, alegando contenidos que irrespetan algunas doctrinas y creencias religiosas en el 2017 y muchos ejemplos de este tipo, en varios momentos de la historia.

Por otro lado, lo mencionado apunta necesariamente a pensar en la debilidad de las instituciones culturales y la ausencia de posicionamientos críticos generados desde el campo cultural en las esferas de debate de agendas de políticas de las ciudades, que paradójicamente promueven y abanderan documentos sobre derechos culturales, amparados en la Constitución ecuatoriana, la Ley de Cultura, y otros documentos internacionales.  La debilidad institucional se evidencia también en su incapacidad de sostener actividades, acciones o propuestas gestionadas o financiadas por la propia institución a la hora de enfrentar censuras. ¿Exposiciones como la de Alvarado no pasó, a caso, por una aprobación de directorio institucional? ¿Quien dirige o toma decisiones institucionales en este Museo desconocía las obras que integraban la propuesta expositiva? Cuando hablamos de debilidad institucional, no hacemos referencia, en este caso, a la ausencia de procedimientos para la gestión de exposiciones  –que entendemos los hubo– sino a la incapacidad de las instituciones culturales de reaccionar políticamente frente a formas de poder coloniales que temen a la diferencia y al cuestionamiento de lo normado tanto social como simbólicamente.

Otro cuestionamiento que se presenta, teniendo en cuenta que una de las primeras voces de reclamo vienen de un estudiante universitario, es sobre la educación que se está recibiendo en todo el sistema académico, con contenidos que se suponen han sido revisados por el Estado para lograr en los estudiantes trabajo con y desde la diversidad y actitudes no violentas. ¿Qué lugar de responsabilidad tenemos desde la labor educativa?

Otra pregunta que nos surge es ¿cómo se entiende al arte desde el poder? ¿Qué es lo que se espera de una obra de arte? Al parecer es simplemente una herramienta contemplativa, acrítica y bonachona. El poder espera regocijo en lo que ve y escucha y huye de cualquier cuestionamiento y  de contenidos que le incomoden. En este sentido, creemos que la posición del arte es la de la resistencia a estas actitudes conformistas, de odio y de norma moralista.

La censura a la muestra de Alvarado se moviliza por el miedo a la diferencia y al pensamiento crítico y es un síntoma de la fuerza que en los últimos tiempos están tomando las agrupaciones de derecha y los fanatismos religiosos. Hay que recordar que esta censura en particular se da por una ignorancia absoluta y una falta de sensibilidad hacia los procesos artísticos. Mientras la censura opera desde el odio, borra  la posibilidad de generar un debate amplio sobre las problemáticas actuales y  silencia los comentarios críticos de los artistas, la propuesta de Alvarado se enuncia desde la empatía, la denuncia de las injusticias y las exclusiones. Si se compara la postura del artista, quien relata su vivencia personal, en comunidades rurales del Guayas y representa ¨su luto y su fantasma¨, su activismo compartido con campesinos y acallado por poderosos y traficantes de tierra, con la postura de quienes dieron la orden de cerrar la muestra, podemos preguntarnos quién está más cerca de los valores cristianos.

COMITÉ DE ACTORES CULTURALES

Firmas de responsabilidad:

Paola De la Vega, Manuel Kingman, Jaime Sánchez

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